September 16

Tags

Aprendizajes

Han pasado ya casi dos meses desde que dejé mi México, lindo y querido, para adentrarme en esta aventura de ser voluntario GSK PULSE y viajar a Brasil a cumplir con mi asignación. En este tiempo he aprendido cosas inimaginables, no sólo de una nueva cultura, un nuevo trabajo, un nuevo lugar; sino también de mí misma. Es asombroso lo que puedes saber de ti cuando eres tu única compañía. Resumo a continuación, algunos aprendizajes hasta ahora.

DSC08290

Manténgase alerta.

En vista de que estás solo en un país diferente donde no hablan tu misma lengua, tu sentido de alerta se agudiza. Ya me tocó en las dos primera semanas presenciar un asalto en la vía pública, justo afuera del hotel donde me hospedaba. Un hombre agredió a una mujer, quien gritaba eufóricamente. Al principio creí que era una pareja que peleaba, (yo, como siempre, pensando lo mejor de todos), pero cuando llegó la policía y le devolvieron la bolsa a la víctima entendí que se trataba de un verdadero problema. Aunado a esto, ya estando ubicada en el apartamento, una madrugada, justo debajo de mi edificio me tocó presenciar una balacera por una persecución militar a unos maleantes que entraron en el edificio de enfrente. Por lo que seguí el consejo de mis amigos del norte de México: “si oyes cuetes y no es día festivo… tírate al suelo que no es fiesta” jaja.
Sin embargo, estar alerta implica aún más que cuidar de tu propia seguridad, también se trata de entender cómo funciona el mundo a tu alrededor. Por ejemplo, al subirse al autobús: hay que ubicar muy bien dónde subir, dónde bajar y los horarios en los que puedes tomar la ruta que necesitas, ya que en este país, el transporte público no hace paradas arbitrarias como en México; tiene lugares y horarios específicos para ello, por lo que si no estás en la parada adecuada, a la hora precisa o sino solicitas la parada con previa antelación, será muy difícil que llegues a tu destino.

Picture 834

Picture 851

Practique la escucha activa.

Mi talón de Aquiles. Eso de escuchar y pensar dos veces antes de hablar, siempre ha sido un problema para mí. Aprendí a hablar de manera fluída desde el año y medio de edad (toda una proeza según cuenta mi madre). El problema es que no paré de hacerlo. Desde niña mis maestros siempre me reprendían por habladora y mis amigos suelen burlarse justamente de eso: soy como un perico . He intentado innumerables ocasiones, hablar despacio y detenerme a escuchar lo que los otros tienen para decir, pero mi cabeza parece una olla express que precisa sacar de golpe la información contenida o explota, en una especie de bulimia verbal.
No obstante, cuando no hablas la lengua madre del país donde te encuentras todo se torna más difícil. Vine a Brasil sin tener una noción clara de portugués, creyendo que tal vez el inglés podría ayudarme: bueno, no fue así. El inglés me ha ayudado mucho para mi trabajo, cierto, pero no para el día a día. Acá poca gente lo habla y si quieres hacer nuevos amigos, pedir indicaciones, hacer preguntas o tener una plática más en forma, debes aprender el portugués básico o en mi caso, el portuñol (esa mezcla extraña entre español y portugués con un toque de mímica).
Hasta ahora no me ha ido tan mal con el idioma, si hablo despacio pueden entenderme y de igual forma, si me tienen paciencia, puedo entenderlos. Pero la clave de este entendimiento fue justo eso: la paciencia. Tuve que aprender a escuchar lo que me decían y a pensar tres veces lo que iba a responder, de tal manera que comprendan lo que quiero decir. Así que Brasil logró lo que 16 años de escuela no pudieron: dejarme callada :p

DSC08451

Un amigo en cada esquina.

La gente en Brasil es muy amigable y vale la pena aprovechar esa cualidad. Platicando con la gente, uno puede conocer mucho mejor su cultura, su comida y saber de algunos tips de vida. Afortunadamente, me he topado con personas pacientes que han logrado entender mi portuñol y han logrado hacer esta travesía mucho más fácil. Hasta ahora, mi filosofía de “voy a donde me inviten y hablo con quien quiera hablarme”, me ha servido para conocer Florianópolis, la “Isla de la Magia” como la llaman, y sus rincones. He visto la belleza de sus playas, he probado la comida local, he conocido su cultura y me he divertido en el tiempo libre que tengo disponible. Pero lo mejor, es que he hecho buenos amigos, quienes además, me han ayudado a difundir lo que hacemos en la fundación y han colaborado de manera activa en nuestros eventos.

DSC08483
Todos necesitamos ayuda y todos podemos ayudar.

El trabajo social que se hace dentro de Saúde Crianca, es un recordatorio constante de que no estamos solos en el mundo, porque hay una comunidad a tu alrededor que siempre te tiende la mano. A veces, cuando pensamos en la palabra “ayuda”, nos imaginamos que sólo la gente de bajos recursos la necesita y que aquellos que están en mejor situación económica son los únicos que pueden proporcionarla. Por fortuna, esto no es así, todos necesitamos de todos en algún momento.
En la fundación todos se ayudan. Las madres cocinan dos días a la semana y colaboran juntas para ofrecer un rico almuerzo a niños, funcionarios y otras madres. Cuando alguna precisa de ayuda con alguna tarea o con alguna situación, siempre tienen una mano amiga que está ahí para ella. Yo misma, por ejemplo, he recibido ayuda que me ha servido para adaptarme al nuevo entorno.
Los voluntarios que aquí laboran, ayudan brindando su tiempo, su conocimiento, sus servicios y su corazón, sin necesidad de dar donaciones materiales. No importa cuál sea tu campo de trabajo: puedes ser experto en redes, en maquillaje, en costura, en cocina, en psicología, en comunicación, en arreglos de la casa o incluso ser bueno con los niños, todo sirve.

DSC08523

DSC08602

Además, he de confesar que esta experiencia ha resignificado mi propio trabajo como Representante Médico, pues recordé que lo que hacemos en GSK tiene un propósito real, un objetivo más allá de las ventas o de cumplir con la meta: trabajamos por la salud de la gente.
En fin, esto aún no se acaba y hay mucho más por aprender. Me queda un mes en Floripa, cuatro semanas más de esta maravillosa experiencia que deja el voluntariado. Seguiré informando 😉